Líneas multicolores se dibujan mientras sacude su angulosa cabeza.
Es Ico Manco, el único caso conocido de caballo punk que toca el arpa criolla (el arpa original, ¿vio?). Su currículum vitae indica que su profesión es saltador de vallas a nivel profesional (y eventual velocista), pero su deleite artístico-libidinal está puesto en las cuerdas de su celestial instrumento.
Cuando quiere expresar su furia frente a un mundo que no le comprende, simplemente toca su instrumento absolutamente desafinado (puedo asegurarles que no es grato oír “El vuelo del moscardón” a la punk en un instrumento desafinado).
Sin embargo, si se encuentra embelesado por el avistamiento de alguna yegüita alegre, puede llegar a afinar el arpa. Pero en dichos casos, no toca. Se queda extático, observando su arma musical con feroz intensidad. Este comportamiento ha hecho que florezcan múltiples versiones acerca de este espécimen animal, alimentando leyendas, mitos y numerosos y variados chistes verdes.
Uno de los relatos más repetidos en su entorno afirma que cuando Icarus (tal su nombre real) se encuentra saltando vallas, su arpa sigue ejecutando notas solo. Una vez una vaca pudo ser testigo de este fenómeno. Aparentemente, cuando nuestro héroe realizaba un buen salto, el arpa ejecutaba un do, mientras que en caso de fallo, podía oírse claramente un fa#.
Tratose de constatar lo afirmado por la vaca mediante la presencia de escribano público, pero esta mostró ningún interés en abrir la boca siquiera. Es claro que los abogados y notarios no son de su agrado.
Desde las gradas humanas, muchas cosas se han oído acerca de Ico Manco. Podríamos resumirlas en una sola frase: “¡Que cabaio flaiero!”. ¿Lo es tanto? Estén atentos.







