jueves, 14 de octubre de 2010

Taxi Libre

Madrugada del 11 de octubre, DonTacho comienza un diálogo con ella, media cuadra antes de estacionar

Ella: ...Sí sí, acá nomás es...

DonTacho: (frenando el taxímetro) ...¿Entonces es debajo de esta luz, en esta puerta, donde te puedo dejar una flor?

Ella: (risa nerviosa, entregando 20 pesos)

DonTacho: (sonrisa confiada, devolviendo 5 pesos) ¿Y a nombre de quién dejo esa flor?

Ella: (recibiendo la plata, con una zapatilla pisando el cordón de la vereda, sonriendo) Esteeeemm, *Inserte nombre falso aquí*

DonTacho: (acomodando el cosito de las monedas) Bueno, *Nombre falso*... y no va a haber nadie que me reclame o se enoje por dejarte esa flor?

Ella: (abriendo la puerta) Naaaa...

(Silencio melancólico, mirada perdida en un punto lejano, agolpamiento de recuerdos, deseos, nostalgias, quisiera que estés aquí... dura varios días para ella, para él apenas tres microsegundos)

DonTacho: (casi en un susurro inentendible) ...Y qué flor podría dejarte, *Nombre Falso*?

Ella: (cerrando la puerta despacito, sonríe).


* Creo que el nombre fue Carolina.

domingo, 3 de octubre de 2010

Sentido

Ahora entiendo, querido amigo, por qué nos pasa lo que nos pasa. Lo leí por casualidad, en un lugar estúpido y sin razón alguna. Parecía esperarme, queriendo descubrirlo:

LOS CAMARONES TIENEN EL CORAZÓN EN LA CABEZA.



sábado, 25 de septiembre de 2010

Un sueño (1)


Hay una casa de vidrio azul trasparente, al borde de un precipicio. Yo me acerco y golpeo despacito: no es de vidrio, es de plástico irrompible azul. Adentro duermen el alba los de la vida cómoda, vos ingeniero, la familia contenta en una camioneta. Sonríen, prueban a ver si funciona. EN mi interior, sé que si me animo, entro sin problemas, pero no tengo ganas por el momento.

Miro desde afuera, y mientras observo amanece. Estoy apenas vestida, como si me hubieran arrancado de la cama. Encuentro ese pantalón de siempre tirado por ahí. Al otro lado de la casa hay un río manso, pero que cae al precipicio también. Asombra que no haya nada de corriente o ruido, ni siquiera cuando se precipita al vacío. Allá abajo, el paisaje más hermoso que te puedas imaginar. Yo pienso en las cercanías del Cañon del Colca, vos tal vez pienses otra cosa.

Por encima del río manso pasa un helicóptero. Alguien tuvo un accidente y pide ayuda parado en medio del agua, que apenas le tapa los tobillos, a pesar de parecer profundo, muy profundo. Lo encamillan y se lo llevan. Yo me acerco a ver qué sucede del otro lado del lecho.

Ya estuve ahí, de hecho estuve anoche ahí. De un lado la Universidad, el edificio viejo, el Hospital que aún no sé si es el de Niños, o el Borda, o qué. En un costado los buscas de siempre, celebrando, bailando a la luz de un fogón, sentados, fumando, volando. Otros tocan percusión, todos escuchan. En otro lado están los que no tienen donde ir, o tal vez son los mismos. Duermen acurrucados contra la pared del efidicio, esa que nadie ve, la que encontrás cuando das toda una vuelta que, casi nunca, te animás a dar. Ahí mismo están también los que buscan ropa, los que la cambian, la trocan e intercambian entre sí. Pero esto último es lo que veo cuando se hace de día, cuando vuelvo.

Más allá, en otro extremo, sigo escuchando voces, gritos, aplausos y tambores. Ya es de mañana, el cielo es de un celeste irritante y todavía hace frío. Aquí han seguido toda la noche y todo el día. Estás vos, y ella también, no sé que hacen en el mismo lugar. Creo que ella está sorprendida. En realidad son muchos, algunos sobre un ring improvisado, otros entre el público. Improvisan y no, porque todo están vestidos exactamente iguales. La nariz roja resalta sobre la camiseta gris, y el verde pasto, verde loro. Quieren que suba, que me pinte o que me vista pero digo que estoy de paso.

Y vuelvo despacito hacia la casa de plástico azul.


Ahora necesitaría la ayuda de Igor, que me diga qué número vendría a ser éste. Y donde y cuando lo soñé :)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Retornos


Tatareando esta murguita la encontré
se escondía, vergonzosa, en su vestido de
percal,
entre cocos y palmeras, atardeceres de primera,
y fritangas de guitarras en el mar.

Yo temblaba por el pulso del reloj
pero tantos caracoles me frenaron el andar
las estrellas me guiñaban que pensara mi
destino
como un páramo de lunas y de sal.


Hay un árbol de papayas
y una hamaca paraguaya
esperándome en la orilla de aquel pueblo
Y una linda muchachita con las manos en la
arena
que me piensa mientras yo sigo mi vuelo.


Qué daría por hacerla sonreír
por cantarle en las fogatas de escolleras pa'
olvidar
que el camino ha sido otro, que en mi espalda
la mochila
se encabrona y no me quiere abandonar.

Sin embargo, de a poquito, me entregué
a latidos bien jugados me ha ganado el corazón
es por eso que ya he vuelto, y aterrizo en
aquel puerto
pa´cambiar mi camino por el altar


Hay un árbol de papayas
y una hamaca paraguaya
esperándome en la orilla de aquel pueblo
Y una linda muchachita con las manos en la
arena
que me piensa mientras yo sigo mi vuelo


* No hay vuelta Cuervo; siempre tenés una hermosa imagen para ayudarme a compartir :)


lunes, 14 de junio de 2010

(Pausa)



Día de estrellas rotas en el techo,

día de ríos grises, salados.



Hay plomo en los pies, las manos se escarchan.




Un día de abrazos que no llenan
y besos del desconsuelo.



Día de ruidos fuertes.
Y ningún significado.

viernes, 11 de junio de 2010

Los Siete Mundiales. Parte 1..


En el '86 casi no tenía memoria. Apenas comenzaba a establecer las conexiones neuronales necesarias para que mi cerebro empezara a pulsar la tecla O REC. Creo que, en casa, estaban más ocupados en dormir las pocas horas que mi recién nacido hermano les dejaba, y en atender los berrinches de la hinchapelotas de tres años.
Hay una foto, de la instamatic: Nico de dos meses en su cuna, con la remera y el logo alusivo. Fuera de la imagen debo haber estado yo, con una remera cedida por un tío, la pancita asomándome debajo del "Argentina '78".


Para el '90, mi cassette mental ya estaba corriendo. Recuerdo el paseo a la Isla de Los Patos, un domingo típico de otoño, frío y soleado. En fila todos los scouts, y delante nosotros, los más pequeños: curiosamente, a los pininos nos decían las "alitas", un apodo que me pondrían de casualidad una década después.
Puente Santa Fe, Avenida Castro Barros (ojo, crucen de la mano!) y subir por Zapiola. Todos volviendo de la excursión, y cantando a viva voz una canción que yo escuchaba por primera vez, que me resultaba extremadamente original y que se me pegaría por el resto de mi vida: "Vamo' vamo', Argentina. vamo' vamo' a ganar, que esta banda... quilombera... no te deja-notedejadealentaaar"... Ese día, también, recibiría mi primera banderita celeste y blanca de plástico.
Recuerdo también las caminatas a la Coca, de la mano de mi tío Pablo, el de la remera. Todo para cambiar los dibujos de la cuadrada mascota por la oportunidad de meter la mano en un buzón y sacar tapitas con letras. Yo probé, saqué la U. La U era la facilonga. Llegamos a formar quince veces la palabra MUDIAL 90. Y la fucking N nunca salía. Ni siquiera cuando intenté "falsificarla" sobre la A con una Sylvapen negra.
Tengo amigos que recuerdan ese Mundial con mayor nitidez, especialmente la famosa canción. Toda emoción, y sentimiento, esa canción. Nunca registré la canción. Pucha, lo mejor en composición musical, y yo vengo a acordarme de la insulso tipito dibujado sobre papel cuadriculado.


El '94 es una nebulosa. La "worcupusa" y el bendito perro símil Pluto que apareció en cuanto producto comestible se comprara en casa. Y en el mundo, supongo.
Dos cosas: primera vez que escucho la palabra doping, que sería keyword obligada de todos los noticieros, programas deportivos, análisis, columnas, diarios, y reportes radiofónicos por meses. Y el triunfo de Brasil, los festejos en las calles de Rio de Janeiro, una columna inmensa de gente verdeamarela gritando y mi mamá suspirando resignada y diciéndome: "Mirá, ellos son los que más veces han ganado".
Tres cosas, mejor dicho: a partir de ese año, Brasil ganaría un lugar en mi cabeza como alguien con quien sí o sí hay que competir. Y al que hay que tenerle un poco de miedo...


¿Y vos? ¿Donde estabas?


viernes, 28 de mayo de 2010

Entre la Rabia y la Ternura

Me enteré anoche, casi casi hoy. Mi colega y ex compañera de tesis me habló rayando la medianoche, para decirme algo que de algún modo ella misma intuía y que, no se cómo, yo venía teniendo en la cabeza durante todo el día.

Justo ayer hacía una lista mental de las compras que quería hacer en la feria franca, este sábado en Alta Córdoba o este martes en mi propia plaza, la de los burros. Mientras anotaba verduras y mandarinas con las neuronas recordé aquella otra feria, la de calle Rondeau en Nueva Córdoba, la de los miércoles. La que tuvo que soportar mis flashes, mis posturas, mis pedidos por “córrase un poquito señora, así me sale bien el pescadero fileteando la merluza”; la que me serviría para aquel práctico-composición-tema: “El trabajo” enmarcado en 13x8 y pies de fotos explicativos.

Justo ayer se me complicaba leer una memory card en mi computadora, y me demoraba el trámite de revivir en mi pantalla una noche de hace noches, de ésas lindas que perduran entre boinas y cervezas y la Smowing sonando de fondo.

Justo ayer, la frustración me llevaba a mascullar que la puta tecnología, que antes no importaba esperar por meses hasta tener la plata, y que ir al revelado, y que la espera de un par de días más… y que ahora la locura del me apuras, la necesidad retinal de tener nuestra vida en modo casi-multáneo a vivirla.

Justo ayer admiraba, en éste álbum, los colores de los platos y las flores de las casas de Granada, y en aquél, las pequeñas callecitas empedradas que siguen huellas de amigos trotamundos. Y pensé en las excusas que quisiera poner para cargar nuevamente la mochila, y leí la mejor de todas en un amigo colombiano para cargar y llevar, también, otros rollos que no sean los espirituales.

Justo ayer me daba cuenta de mi inercia de meses, la que comenzó una vez que nuestros amigos se dieron el gusto de tirarnos cuanto elemento asqueroso tuvieran en su haber, y que continúa al día de hoy porque la desmotivación se enrosca en forma de casa-celda.

Y por eso, justo ayer rumiaba de qué lindo retomar alguna vieja costumbre, algún hobby fallido, algo que tenga que ver con clicks o fijadores, algo para hacer con vos, por qué no.

Algo que escape de la Jaula y vuele libre.

Me enteré anoche, entre la rabia y la ternura. Una de las personas que ayudan a romper cárceles, que deslizan en tus manos la llave del candado, no está más.

Y entre la rabia y la ternura escribo esto, esperando verle pasar por arriba de mi cabeza. Por encima de los barrotes.