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miércoles, 14 de abril de 2010

Y encima de todo… Bloggerchorra! *


Resulta que yo laburo en un lugar donde el famoso Sistema se cuelga. Y mucho.


Chocolateporla me dirán, el Sistema tiene la picardía de colgarse en todos lados. Bueno, pero el caso es que también se cuelga en mi laburo, y me da tiempo para… no, mejor dicho: tengo tanto tiempo al vicio que me pongo a recorrer sus casas de papel virtual poniéndome semi-al-día de la parte bloggeril de sus vidas. No, comentar no puedo, aunque me muera de ganas de hacerlo!!


Ñañitas del Sistema, vió.


Resulta que el sábado, el muy guachito estuvo disfrutando particularmente del jueguito del ahorcado: la colgadsez duró tanto tanto, pero TANTO, que en un momento pensé que se me habían acabado los timbres para tocar.

Pero no. Hay puertas que, más allá de sus cartelitos “Se Vende”, “Se Alquila”, o “Clausurado por el Departamento de Salud Aunque el Propietario Diga lo Contrario”, aún esconden cosas bellas que el dueño no pudo llevarse consigo en la mudanza o el desalojo.


Una de ellas es la entrada al mundo pendulero de mi colega Germán; ésa fue la última casa que tuvo antes de meterse de ocupa en el ático de la Galaxia. No me quejo eh? Cada tanto me ayuda a abrir frascos o matar arañas.


Yo pasé por su Pendulandia medio de casua, medio de intriga. Un sábado cualquiera, alrededor de la época en la que empecé a joderle la vida comentando, el pibe nos contaba que su proyecto tesístico era un soundscape, una composición de arte sonoro. Y después, debido a los insistentes pedidos, se decidió a publicarlo en el blog.


O sea, el tipo le metió grillos. Y benteveos. Y otros sonidos varios que combinados quedaban una joyita, vea. O escuche, mejor dicho.


En nuestro segundo o tercer diálogo comentaril, que transcurrió durante un mes de abril, Ger recibía su licenciatura de la misma ¿carrera? que yo estaba peleando, y significó para mí la ruptura de una Leyenda Urbana bastante jodida entre los que transitamos los enpanfletados pasillos de la Escuelita:


Uno se podía recibir de esa profesión que, cual cheboli del Abasto, tiene una entrada así de grande pero ninguna salida.


Como no soy su mamá ni su agendita Pascualina, no sé cuando se recibió exactamente mi coworker. Pero teniendo en cuenta los comentarios, fue durante la primer quincena de ese abril de 2008.

Se están cumpliendo dos años de aquellos momentos; de la entrada de Ger al mundo de los licenciados-que-no-están-laburando-de-lo-suyo (al que yo me uniría año y medio después)… y también dos años de amistad miti virtual, miti personal, pero amistad al fin.


En conmemoración de eso, y también porque no se me cae una idea de un tiempo a esta parte, me pongo en modo BLOGGERCHORRA y les regalo (sin pedir autorización de ningún tipo a su dueño), esa pieza de Composición Sonora.


Está la posibilidad de que Ger lea esto, deje su viola a un lado y me busque con el puño levantado y gritándome insultos corteses, a su manera. Mah sí!! Lo que hiciste merece la pena volver Y escucharse.**

Pueden escucharlo desde acá mismo, a su trabajo. Pero también les recomiendo pasar por la entrada original ACÁ, así leen los consejos que él mismo ofrece para escucharlo de la mejor manera.

Digo, en estos días está lloviendo y las mañanas están fresquitas. Da para aprovecharlo, no?








*El título iba a ser algo como “Lanzan nuevo término inservible: el bloggerchorrerismo”… pero ya no iba a ser un robo común y corriente, y yo con los Grandes no me meto!


** Cuestiones técnicas que tienen que ver con la antigüedad del post a chorear por mí, hicieron que Ger se enterara antes y él mismo me ofreciera el código html para publicar su tesis por acá. Se lo tomó bien, por suerte, hasta le pareció un lindo gesto. Al final, ni robar bien puedo...!

lunes, 8 de marzo de 2010

Qué manera de robar!

Increíble que estemos actualizando tan seguido. Bueno, para los parámetros de este blo', vió?

Hoy me gustaría probar la gran Seleccione y hacer un resumen de la semana, con comentarios pertinaces, referencias históricas, alguna que otra filosa ironía y, de darme el conocimiento enciclopédico, una detallada concatenación de sucesos que culmine en algo emocionante y visceral.

Quisiera también encontrar algún link para comenzar un Neslu Pilas... u ofrecerles alguna canción de ésas que te erizan los pelitos de ahí.

Quisiera haber vivido la peor tragedia de amor durante el fin de semana para comenzar hoy con algo escrito salido desde el fondo, el fondito mismo.

O haber pasado por las casas de todos ustedes, las reales y las virtuales, para tomarnos unos mates, o ligar alguna que otra cerveza gratis, empaparme de esas formas tan de ustedes de decir las cosas, contagiarme de las buenas, y regalarles un post re punch y mordaz. O mínimo, hacer acá un recuento de lo mejor de ustedes.

Pero no, hoy no, loco. ¿Falta de tiempo? No tanto. ¿De ganas? Algo así.
Falta de la tuerca que - paradójicamente- te ayuda a ser algo más que un robotito.

Así que hoy va dibujo. Tampoco de la calidad de éstos de acá, pero no me disculpo.

Y mientras ustedes siguen acá y allá, voy a buscar las llaves debajo de los felpudos, y les irrumpiré la propiedad. Y me actualizaré con los mails. Y te pasaré eso que me pediste hace un montón que te pase. Y charlaré con vos a través del teclado. Y...

...nada, demasiadas promesas juntas para un lunes. :D







miércoles, 16 de septiembre de 2009

Ea (signo de exclamación)... Sin ella.

Mientras se terminan de escanear un par de dibujetis, y me tomo un café con leche atrasado (son casi las 11am), les dejo algo que escribí y que la honorable y nuncabienponderada María C me publicó en su blog. Fue una excelente forma de ejercitar el lápiz virtual, la imaginación y las ganas de escribir a través de su taller T.E.LIT.A que ya va por la tercera edición (compren!). Algo de mí... bah, casi todo de mí, está reflejado en lo siguiente. Ustedes dirán qué les parece. Los dejo con... mejor dicho.. sin ella.

Sin ella

Ella vino y le dijo en la cara, sin miramientos: “No tienes más invitaciones. Se agotaron para ti. Ya no podrás estar conmigo. Así que adiós”.

En cierto punto no le sorprendió demasiado. Ya venía percibiendo todo eso, pero no por sutilezas, sino por simples y llanas ausencias.

A decir verdad se conocían desde la infancia y habían compartido algunos momentos, pero efímeros, lúdicos, tiernos como cachorritos. No podría decirse que, en ese entonces, alguien lo notara. Lo importante empezó a los dieciséis. Ya había superado las incomodidades de la adolescencia, de formar una pareja medio idiota de besos escondidos y pocas palabras, de no saber lo que uno quiere y quererlo ya. El futuro se presentaba verde y fresco.

En algún momento de aquel verano, entre libros y canciones heredadas de los primos, ella apareció. Primero le generó cosquilleos en la panza, luego en el corazón. La cabeza fue lo último en reaccionar.

Al principio se presentaba por las tardes, en público. Eran un clásico los domingos en la plaza, con mates de por medio, la gente del cole, la guitarra. Y el canto, el canto limpio antes de que el call center le hiciera estragos en las cuerdas y el nódulo se instalara para siempre. Pero eso pasó muchos años después. En esos instantes sólo estaban la viola, la voz clara, el ocasional y amateur cigarrillo.

Pero luego ella empezó a colarse por las noches, cuando los ruidos dejaban de salir de la televisión y se escrituraban, se dibujaban, se pintaban o se leían. Vívían en un universo aislado de estrellas que iluminaban más fuerte. Aparecía casi siempre a medianoche y mientras la esperaba, los dedos de las manos y sus ojos y sus sienes latían como 30 indígenas bailando un son montuno en los oídos. Inevitablemente sobrevenían las madrugadas de ingenio, de palabras inventadas, de placer neurocordistante y de tributo a las pequeñas muertes.

Así pasaron algunos años. Y, como suele suceder, los tiempos mejores quedaron en esas manías juveniles. Sabía que no podía convocarla todas las noches; la facultad era un proyecto nuevo y había que prestarle atención. Ésas fueron las primeras vacaciones sin ella. En Santa Rosa de Calamuchita había mucho río, mucho fernet o cerveza, mucha carpa y mucha noche artificial como para entumecerse un poco, y olvidar.

Luego llegó el trabajo, porque el estudio no pagaba los gustos que quería darse y darle a ella. Le compró lindos y nuevos juguetes para que hiciera lo que se le antojara, pero ya no era lo mismo.

Y las noches se hicieron más solitarias. Ella venía de vez en cuando, y no siempre con la mejor predisposición. Por esa época sucedió lo del nódulo. Carpeta médica, una rehabilitación de nunca acabar, y el estrés propio de quien pasa por un túnel de silencios, con los dientes apretados y la impotencia de no poder echar la voz afuera.

El nódulo le cambió la vida de un momento doloroso para el otro. Dudaba que las cosas volvieran a ser como antes. Pero le puso ganas y con el tiempo le ofrecieron la famosa indemnización. Todos exclamaban que había sido una histórica victoria, dado que muy pocas personas habían obtenido el beneficio monetario ante el mismo problema. Pero ahí estaba la cuestión: “¿Ahora todo se reducía a ver cuánto metálico podías succionarle a una aseguradora?”.

Ella también se dio cuenta de eso porque los momentos de tensión, a la sombra del dinero, se hicieron más y más concretos, más palpables. Y así fue que un día no apareció más, tragada por la tierra. O tentada por alguien más.

No tuvo muchas noticias de sus andanzas. En el éxito de algunos colegas veía un coletazo de lo que ella podía ofrecerles. Pero nunca les preguntó. Hay cosas que mejor dejarlas así.

Hasta que llegó ese día en que la llamó por su nombre porque sintió –demasiado brusco- el vacío que le estaba dejando. Y fue cuando ella vino y le dijo en la cara, sin miramientos: “No tienes más invitaciones. Se agotaron para ti. Ya no podrás estar conmigo. Así que adiós”.

Y eso fue todo. Había tenido una segunda oportunidad, una tercera, una cuarta. Pero ella se lo dejó muy claro: se habían agotado las chances de visitarse. De ahora en adelante, ella prefería dejarla sola, con su voz cascada y los dedos aturdidos. Dejarla sola, sin ella. Su Inspiración.