martes, 2 de agosto de 2011
Esto iba a ocurrir.
Adentro de un cajón Próximo,
entre grillas de setenta por cieto y cientos
de clientes morosos
se dispersan, blancos y rojos
los pequeños ataúdes de mi vicio,
se me cagan un poco de risa
porque saben que anhelo conseguirles un nuevo compañero
de cartón.
Pero tendré que esperar hasta el break.
2-
"Adiós, adiós, siempre te recordaré",
las palabras tiernas de mi abuela,
algunos claveles de esos desteñidos y mucho sol:
ese ataúd se llama Herminia,
a mí no me afecta tanto, soy muy nena.
Hay algo en la muerte que me espanta,
pero no es eso.
3-
Ata-úd
Ata-úd
Ata-usted
4-
Ella no quiere -o sí quiere-
un ataúd.
Ella sabe que no acepta las cenizas.
Ella guarda muchos secretos
que todos sabemos. Mañana
serán un problema.
Ella esconde un "ella" con ella.
Y el que siempre se morirá un poco será "él".
Él, que quiere ser una "ella",
y no lo dejan.
5-
Ahora quedan mudos
y no entienden:
entra "el nuevo" y cierro el cajón.
Éste es más grande, más frágil,
y todavía tiene algunos cuerpos que seguro mueren, en veinte minutos,
ponéle quince,
si termino el reporte a tiempo.
6-
También hay ataúdes cursis, y bueno.
Ataúdes de día trece,
no importa si es domingo o si es
lunes.
Cada año será un ataúd
distinto.
De fin de semana en La Estación.
De cenizas en el Urubamba.
7-
Ella siempre entendió
que la obsesionaba, que la perseguía
a través de los años.
Estoy parada en La Mitad del Mundo
-en serio-
y simplemente vuelvo.
Todo está vacío, digo todo porque no es solamente
la calle, esa Iglesia, ésa otra, el negocio:
no hay nadie en las luces, ni en
las ratas grandotas del desagüe.
Esa cosa innata en las tripas,
algo así como despertar y descubrir
que estás enterrado vivo.
8-
Ellos, los otros, están ya vacíos.
9-
Cómo le cuesta a Malena ¡pero cómo le cuesta!
que toda la gente que quiere,
incluso ésa que se fue con los secretos
asista al entierro de Pablo.
O mejor dicho,
que le lleven flores. Y redención.
10-
Pasan de las seis, y afuera está oscuro.
El puto -mal dicho-
el maldito reporte final no sale.
Desde un poquito más abajo se escuchan los "chau"
y los "al fin".
Sé que después vendrá la reja verde, el tick! de la tarjeta,
las otras puertas pero de bienvenidas cálidas,
tal vez unas birras. Seguro que música,
seguro que compañía. Seguro que no estar sola.
Pero todavía no.
El tiempo se automastica y nunca se traga,
y miles de pequeñas pero jodidas cosas me retienen.
11-
La soledad, el tedio.
Lo que la obsesiona.
Lo que descubrí, con el paso de los ataúdes,
que me espanta.
Vos lo sabías, abuela.
12-
Matáte que los ataúdes
o mejor dicho, hablar sobre los ataúdes,
te tira un poco abajo.
sábado, 30 de julio de 2011
LICENCIA
Mi prima tiene 40 y mi perra tiene meses,
para las dos es algo nuevo.
Hay algo maravilloso ahora, la cámara digital,
somos bichos capturados por velocidades y perturas automáticas.
Desde abajo no hay forma de ver la cima,
alguna vez la bisabuela se asomó por la ventana de madera
y dejó afuera un tacho donde hacía pis.
Las cortinas son las mismas, a mi hermano le gustan,
pero de adentro ahora sale un olor a sahumerio de violetas.
Es invierno y la parra está muerta.
Ya llegará el calor, las uvas y las chinches olorosas
y las abejas o las ratas que se reproducen entre las hojas.
Las palomas siempre están
engarzadas en las vigas que se cruzan
arrullando y pensando qué comer,
si las larvas de mosquitos en el agua estancada
o los doguis del platito.
Hoy el agua se congela.
No es un caracol la escalera,
es una línea recta que marca en piedra los pasitos de la vida.
Hasta la mitad hay un jardín y el perfume intenso a rosas.
Algunas naranjas perdidas y el intento de encontrar dinosaurios
en los ladrillos.
Más allá se ven las noches, las primeras: alguna seca mal fumada,
el vómito y un tacho repleto de vino.
La apertura no es suficiente
¿O será el tiempo?
Desde arriba la nueve se siente menos,
o las manos ya se acostumbraron.
Los techos no entienden nada, igual que mi perra,
no entienden cómo,
cómo pueden seguir iguales cuando afuera hay algo que cae,
o que vuela,
algo que los humedece y nostalgia
por los años que ya fueron,
por las demoliciones que vendrán.
Por las nuevas vidas al rayo del sol que,
pase lo que pase, de alguna manera,
abrazarán como asfalto, como polvo sutil
o como nueva estructura.
Captadas una y otra vez
por ojos naturales. Y funciones programadas.
lunes, 25 de abril de 2011
Intento n° cinco de abril. LO MEMORABLE.
El Faro. La araña
grandota en el hostal de la francesa,
la ranita en el espejo del baño, como
una sopapa. La parra por encima
del aljibe en medio del patio.
Agua de fondo...
Ni ahí fue lo más emocionante, o lo más hermoso, ni lo más salvable de aquella Pedrera 2009. Pero, por algún motivo, hoy es lo primero que se me viene a la cabeza.
Somos cuatro y hay un Boliche. Y cuando lo digo con B larga es porque digo luces, música a todo culo, ellas y yo, algún ocasional "él", las filas interminables del baño, aire libre, aire viciado y -obviamente- la cerveza.
Quiera escribir que lo memorable de la noche fue esto último, la birra. Pero no. La estampa de la mañana siguiente fue una ronda de cuatro minas sentadas al bordecito de una cama, el olor a pintura semi fresca, pedacitos de cemento aún pegados a las losas puestas sólo unos meses atrás en ese cuartito compartido, y una de las chicas llorando, sollozando y repitiendo una y otra vez sin parar la misma cantinela.
También quisiera decir que mi amiga, la que llora y habla mientras yo le acaricio la espalda en gesto reconfortante, lo que moquea es una pena grosa, uno de esos "él" no correspondidos aquella noche, o que simplemente uno de esos pedos lastimosos que todos hemos pasado, al punto del "nunca más tomo en mi vida".
Bueno, la cerveza ayuda, pero Lucila no llora por mal de amores.
De repente nos habíamos encontrado, cuatro mujeres sin destino fijo, planificando unas vacaciones que más que eso eran Huída, o Evasión. Y, también de repente, nos dimos cuenta que lo único que nos unía aquel verano del 2009 era una amiga en común.
Y así como nos percatamos de esta situación, nos encontramos varias noches después festejando esa Huída entre el sol y la sal, el mate y la música, la cola en el baño y la constante arena entre las piernas, en las uñas. En el medio, el conocernos. Y esa noche, separarnos y volver, cada una por su lado, al lugar común, la habitación compartida donde dormíamos resacas y resolanas.
Yaz retorna primero, Vico y yo detrás, en un taxi que nos dolió el bolsillo en casi rojo malaria. Pero Luci... Luci no vuelve. Ni hablar de celulares, en un país distinto.
Luci no vuelve hasta que vuelve. Calladita, timidona, con el sol de las 10 de la mañana aún en los ojos. Con tres pasitos nomás se sienta al borde del colchón arenoso. Con la mirada libre ahora, rompe a llorar. Y a balbucear. Y luego a declarar. Y después, a repetir.
Por algún motivo, ese verano lo memorable me es Lucila. Contándonos, con sumo detalle, esa pelea entre dos pibes, y los insultos, la patotalapelealaspatadas... su taxi que logra frenar y ella, por la ventanilla mirando a aquel chico ya solo, inconciente en el pavimento tibio, en un charco de sangre.
miércoles, 13 de abril de 2011
Nuevo Título
A ESCRIBIR
CUATRO VECES AL MES
(AL MENOS)
CUATRO COSAS DISTINTAS
(COMO MÍNIMO)
ES LA MEJOR INVERSIÓN QUE PUDE HACER
AHORA, EN ABRIL.
:)
viernes, 29 de octubre de 2010
(R) espetó
A ver. Todo bien. Pero no entiendo.
No entiendo por qué si querés que te respeten, que respeten tu luto, tu dolor justificado, tus ganas de estar triste... termines puteando al que te está puteando porque no te respetan, ni respetan tu luto, tu dolor justificado, tus ganas de estar triste.
Te dicen, ponéle, "no podés, hijo de puta". Y vos respondés "no, pará, vos no podés, hijo de puta".
Más allá de todo, después de todo, al fin y al cabo, esencialmente: no estás devolviendo el respeto que pedís y que, por supuesto, te corresponde.
No lo devolvés porque no lo recibiste, me dirás.
A ver. Todo bien. Pero después de todo, al fin y al cabo, esencialmente: ¿ése no será nuestro gran problema?
...Tal vez sí lo entiendo. Pero, en realidad, no lo quisiera entender.
Esto fue escrito en caliente hace dos días, entre censos y lutos. Lo publiqué en la red social, y fue muy satisfactorio escuchar distintas opiniones al respecto. Hay gente que comentó y que nunca ví en mi vida, a otros los conozco hace un tiempo. Cada uno de ellos planteó lo que había interpretado de forma correcta y educada. Nadie espetó, respetaron. Me alegró saber que me rodeo de gente así. Y si aún, después de dos días, lo plasmo acá en mi blog, es porque esa alegría no alcanza para sobreponerme a la tristeza de seguir observando tanta, pero tantísima virulencia, polaridades, oposiciones extremistas.
Si sos Blanco todos los blancos te aplauden el comentario, te festejan el discurso, te alientan a seguir blanqueando las paredes. Lo último estaría bien si no fuera porque, si sos Gris, ese Blanco te putea por tibio, poco comprometido, por negarte a ver la realidad, que es ÉSTA, la blanca, mirá la pared, es blanca! Y bueno, si sos Negro el Gris te entiende por la mitad mientras vos intentás salpicarlo un poco a ver si se decide, y el Blanco (obvio) te putea por Negro.
Y viceversa, no? El Blanco, el Negro y el Gris hacen lo mismo.
Podrías decirme que lo anterior es una forma demasiado simplista y hasta ignorante de plantear nuestra realidad. Y yo estaría de acuerdo con vos, es más, suelo rechazar tales reducciones de las cosas a plantearlas en términos de blanco-gris-negro.
Pero, desde hace un tiempo ya, ESO es lo que veo. Un cuadro que solía tener colores, y ahora está fotocopiado.
Un país River-Boca, con la violencia que conlleva... me cuesta horrores.
jueves, 14 de octubre de 2010
Taxi Libre
DonTacho: (frenando el taxímetro) ...¿Entonces es debajo de esta luz, en esta puerta, donde te puedo dejar una flor?
Ella: (risa nerviosa, entregando 20 pesos)
DonTacho: (sonrisa confiada, devolviendo 5 pesos) ¿Y a nombre de quién dejo esa flor?
Ella: (recibiendo la plata, con una zapatilla pisando el cordón de la vereda, sonriendo) Esteeeemm, *Inserte nombre falso aquí*
DonTacho: (acomodando el cosito de las monedas) Bueno, *Nombre falso*... y no va a haber nadie que me reclame o se enoje por dejarte esa flor?
Ella: (abriendo la puerta) Naaaa...
Ella: (cerrando la puerta despacito, sonríe).
domingo, 3 de octubre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
Un sueño (1)
Miro desde afuera, y mientras observo amanece. Estoy apenas vestida, como si me hubieran arrancado de la cama. Encuentro ese pantalón de siempre tirado por ahí. Al otro lado de la casa hay un río manso, pero que cae al precipicio también. Asombra que no haya nada de corriente o ruido, ni siquiera cuando se precipita al vacío. Allá abajo, el paisaje más hermoso que te puedas imaginar. Yo pienso en las cercanías del Cañon del Colca, vos tal vez pienses otra cosa.
Por encima del río manso pasa un helicóptero. Alguien tuvo un accidente y pide ayuda parado en medio del agua, que apenas le tapa los tobillos, a pesar de parecer profundo, muy profundo. Lo encamillan y se lo llevan. Yo me acerco a ver qué sucede del otro lado del lecho.
Ya estuve ahí, de hecho estuve anoche ahí. De un lado la Universidad, el edificio viejo, el Hospital que aún no sé si es el de Niños, o el Borda, o qué. En un costado los buscas de siempre, celebrando, bailando a la luz de un fogón, sentados, fumando, volando. Otros tocan percusión, todos escuchan. En otro lado están los que no tienen donde ir, o tal vez son los mismos. Duermen acurrucados contra la pared del efidicio, esa que nadie ve, la que encontrás cuando das toda una vuelta que, casi nunca, te animás a dar. Ahí mismo están también los que buscan ropa, los que la cambian, la trocan e intercambian entre sí. Pero esto último es lo que veo cuando se hace de día, cuando vuelvo.
Más allá, en otro extremo, sigo escuchando voces, gritos, aplausos y tambores. Ya es de mañana, el cielo es de un celeste irritante y todavía hace frío. Aquí han seguido toda la noche y todo el día. Estás vos, y ella también, no sé que hacen en el mismo lugar. Creo que ella está sorprendida. En realidad son muchos, algunos sobre un ring improvisado, otros entre el público. Improvisan y no, porque todo están vestidos exactamente iguales. La nariz roja resalta sobre la camiseta gris, y el verde pasto, verde loro. Quieren que suba, que me pinte o que me vista pero digo que estoy de paso.
Y vuelvo despacito hacia la casa de plástico azul.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Retornos
Tatareando esta murguita la encontré
se escondía, vergonzosa, en su vestido de
percal,
entre cocos y palmeras, atardeceres de primera,
y fritangas de guitarras en el mar.
Yo temblaba por el pulso del reloj
pero tantos caracoles me frenaron el andar
las estrellas me guiñaban que pensara mi
destino
como un páramo de lunas y de sal.
Hay un árbol de papayas
y una hamaca paraguaya
esperándome en la orilla de aquel pueblo
Y una linda muchachita con las manos en la
arena
que me piensa mientras yo sigo mi vuelo.
Qué daría por hacerla sonreír
por cantarle en las fogatas de escolleras pa'
olvidar
que el camino ha sido otro, que en mi espalda
la mochila
se encabrona y no me quiere abandonar.
Sin embargo, de a poquito, me entregué
a latidos bien jugados me ha ganado el corazón
es por eso que ya he vuelto, y aterrizo en
aquel puerto
pa´cambiar mi camino por el altar
Hay un árbol de papayas
y una hamaca paraguaya
esperándome en la orilla de aquel pueblo
Y una linda muchachita con las manos en la
arena
que me piensa mientras yo sigo mi vuelo
* No hay vuelta Cuervo; siempre tenés una hermosa imagen para ayudarme a compartir :)lunes, 14 de junio de 2010
(Pausa)
Día de estrellas rotas en el techo,
día de ríos grises, salados.
Hay plomo en los pies, las manos se escarchan.
Un día de abrazos que no llenan
y besos del desconsuelo.
Día de ruidos fuertes.
Y ningún significado.
viernes, 11 de junio de 2010
Los Siete Mundiales. Parte 1..

Hay una foto, de la instamatic: Nico de dos meses en su cuna, con la remera y el logo alusivo. Fuera de la imagen debo haber estado yo, con una remera cedida por un tío, la pancita asomándome debajo del "Argentina '78".
Para el '90, mi cassette mental ya estaba corriendo. Recuerdo el paseo a la Isla de Los Patos, un domingo típico de otoño, frío y soleado. En fila todos los scouts, y delante nosotros, los más pequeños: curiosamente, a los pininos nos decían las "alitas", un apodo que me pondrían de casualidad una década después.
Puente Santa Fe, Avenida Castro Barros (ojo, crucen de la mano!) y subir por Zapiola. Todos volviendo de la excursión, y cantando a viva voz una canción que yo escuchaba por primera vez, que me resultaba extremadamente original y que se me pegaría por el resto de mi vida: "Vamo' vamo', Argentina. vamo' vamo' a ganar, que esta banda... quilombera... no te deja-notedejadealentaaar"... Ese día, también, recibiría mi primera banderita celeste y blanca de plástico.
Recuerdo también las caminatas a la Coca, de la mano de mi tío Pablo, el de la remera. Todo para cambiar los dibujos de la cuadrada mascota por la oportunidad de meter la mano en un buzón y sacar tapitas con letras. Yo probé, saqué la U. La U era la facilonga. Llegamos a formar quince veces la palabra MUDIAL 90. Y la fucking N nunca salía. Ni siquiera cuando intenté "falsificarla" sobre la A con una Sylvapen negra.
Tengo amigos que recuerdan ese Mundial con mayor nitidez, especialmente la famosa canción. Toda emoción, y sentimiento, esa canción. Nunca registré la canción. Pucha, lo mejor en composición musical, y yo vengo a acordarme de la insulso tipito dibujado sobre papel cuadriculado.
El '94 es una nebulosa. La "worcupusa" y el bendito perro símil Pluto que apareció en cuanto producto comestible se comprara en casa. Y en el mundo, supongo.
Dos cosas: primera vez que escucho la palabra doping, que sería keyword obligada de todos los noticieros, programas deportivos, análisis, columnas, diarios, y reportes radiofónicos por meses. Y el triunfo de Brasil, los festejos en las calles de Rio de Janeiro, una columna inmensa de gente verdeamarela gritando y mi mamá suspirando resignada y diciéndome: "Mirá, ellos son los que más veces han ganado".
Tres cosas, mejor dicho: a partir de ese año, Brasil ganaría un lugar en mi cabeza como alguien con quien sí o sí hay que competir. Y al que hay que tenerle un poco de miedo...
viernes, 28 de mayo de 2010
Entre la Rabia y la Ternura
Justo ayer hacía una lista mental de las compras que quería hacer en la feria franca, este sábado en Alta Córdoba o este martes en mi propia plaza, la de los burros. Mientras anotaba verduras y mandarinas con las neuronas recordé aquella otra feria, la de calle Rondeau en Nueva Córdoba, la de los miércoles. La que tuvo que soportar mis flashes, mis posturas, mis pedidos por “córrase un poquito señora, así me sale bien el pescadero fileteando la merluza”; la que me serviría para aquel práctico-composición-tema: “El trabajo” enmarcado en 13x8 y pies de fotos explicativos.
Justo ayer se me complicaba leer una memory card en mi computadora, y me demoraba el trámite de revivir en mi pantalla una noche de hace noches, de ésas lindas que perduran entre boinas y cervezas y la Smowing sonando de fondo.
Justo ayer, la frustración me llevaba a mascullar que la puta tecnología, que antes no importaba esperar por meses hasta tener la plata, y que ir al revelado, y que la espera de un par de días más… y que ahora la locura del me apuras, la necesidad retinal de tener nuestra vida en modo casi-multáneo a vivirla.
Justo ayer admiraba, en éste álbum, los colores de los platos y las flores de las casas de Granada, y en aquél, las pequeñas callecitas empedradas que siguen huellas de amigos trotamundos. Y pensé en las excusas que quisiera poner para cargar nuevamente la mochila, y leí la mejor de todas en un amigo colombiano para cargar y llevar, también, otros rollos que no sean los espirituales.
Justo ayer me daba cuenta de mi inercia de meses, la que comenzó una vez que nuestros amigos se dieron el gusto de tirarnos cuanto elemento asqueroso tuvieran en su haber, y que continúa al día de hoy porque la desmotivación se enrosca en forma de casa-celda.
Y por eso, justo ayer rumiaba de qué lindo retomar alguna vieja costumbre, algún hobby fallido, algo que tenga que ver con clicks o fijadores, algo para hacer con vos, por qué no.
Algo que escape de la Jaula y vuele libre.
Me enteré anoche, entre la rabia y la ternura. Una de las personas que ayudan a romper cárceles, que deslizan en tus manos la llave del candado, no está más.
Y entre la rabia y la ternura escribo esto, esperando verle pasar por arriba de mi cabeza. Por encima de los barrotes.
miércoles, 14 de abril de 2010
Y encima de todo… Bloggerchorra! *
Resulta que yo laburo en un lugar donde el famoso Sistema se cuelga. Y mucho.
Chocolateporla me dirán, el Sistema tiene la picardía de colgarse en todos lados. Bueno, pero el caso es que también se cuelga en mi laburo, y me da tiempo para… no, mejor dicho: tengo tanto tiempo al vicio que me pongo a recorrer sus casas de papel virtual poniéndome semi-al-día de la parte bloggeril de sus vidas. No, comentar no puedo, aunque me muera de ganas de hacerlo!!
Ñañitas del Sistema, vió.
Resulta que el sábado, el muy guachito estuvo disfrutando particularmente del jueguito del ahorcado: la colgadsez duró tanto tanto, pero TANTO, que en un momento pensé que se me habían acabado los timbres para tocar.
Pero no. Hay puertas que, más allá de sus cartelitos “Se Vende”, “Se Alquila”, o “Clausurado por el Departamento de Salud Aunque el Propietario Diga lo Contrario”, aún esconden cosas bellas que el dueño no pudo llevarse consigo en la mudanza o el desalojo.
Una de ellas es la entrada al mundo pendulero de mi colega Germán; ésa fue la última casa que tuvo antes de meterse de ocupa en el ático de
Yo pasé por su Pendulandia medio de casua, medio de intriga. Un sábado cualquiera, alrededor de la época en la que empecé a joderle la vida comentando, el pibe nos contaba que su proyecto tesístico era un soundscape, una composición de arte sonoro. Y después, debido a los insistentes pedidos, se decidió a publicarlo en el blog.
O sea, el tipo le metió grillos. Y benteveos. Y otros sonidos varios que combinados quedaban una joyita, vea. O escuche, mejor dicho.
En nuestro segundo o tercer diálogo comentaril, que transcurrió durante un mes de abril, Ger recibía su licenciatura de la misma ¿carrera? que yo estaba peleando, y significó para mí la ruptura de una Leyenda Urbana bastante jodida entre los que transitamos los enpanfletados pasillos de
Uno se podía recibir de esa profesión que, cual cheboli del Abasto, tiene una entrada así de grande pero ninguna salida.
Como no soy su mamá ni su agendita Pascualina, no sé cuando se recibió exactamente mi coworker. Pero teniendo en cuenta los comentarios, fue durante la primer quincena de ese abril de 2008.
Se están cumpliendo dos años de aquellos momentos; de la entrada de Ger al mundo de los licenciados-que-no-están-laburando-de-lo-suyo (al que yo me uniría año y medio después)… y también dos años de amistad miti virtual, miti personal, pero amistad al fin.
En conmemoración de eso, y también porque no se me cae una idea de un tiempo a esta parte, me pongo en modo BLOGGERCHORRA y les regalo (sin pedir autorización de ningún tipo a su dueño), esa pieza de Composición Sonora.
Está la posibilidad de que Ger lea esto, deje su viola a un lado y me busque con el puño levantado y gritándome insultos corteses, a su manera. Mah sí!! Lo que hiciste merece la pena volver Y escucharse.**
Pueden escucharlo desde acá mismo, a su trabajo. Pero también les recomiendo pasar por la entrada original ACÁ, así leen los consejos que él mismo ofrece para escucharlo de la mejor manera.
Digo, en estos días está lloviendo y las mañanas están fresquitas. Da para aprovecharlo, no?
*El título iba a ser algo como “Lanzan nuevo término inservible: el bloggerchorrerismo”… pero ya no iba a ser un robo común y corriente, y yo con los Grandes no me meto!
** Cuestiones técnicas que tienen que ver con la antigüedad del post a chorear por mí, hicieron que Ger se enterara antes y él mismo me ofreciera el código html para publicar su tesis por acá. Se lo tomó bien, por suerte, hasta le pareció un lindo gesto. Al final, ni robar bien puedo...!
domingo, 4 de abril de 2010
Remodelaciones
Tengo dos amores invadiendo mi cuerpo, y yo pensaba que lo debilitaban.
Uno se asoma en mi garganta, me hace llorar y sorber lágrimas
pero me permite cantar.
El otro vive bajo mis uñas: no me deja plantar semillas
y no puedo enterrar las raíces,
pero acepta que tome un lápiz y escriba,
y escribiendo y describiendo las estrellas que nos prometí,
éstos me dejan tranquila, ellos me dejan dormir,
mientras lentamente nos vamos para arriba,
esperando el final, con calma desesperaciòn...
miércoles, 31 de marzo de 2010
Ico Manco – Chapter 5 – Échale la culpa a Zulemita
-¿Por qué tan contento Casio? ¿Las chicas te despertaron hoy cantando una canción nueva? (*1)
-Nada de eso. No estoy contento por nada en particular. Estoy contento porque estoy contento. Creo que estoy contento por la contentura en mi interior. Y como nadie puede sacarla de ahí, creo que mi contentura es libre e independiente; la contentura misma.
Tal despliegue de filosofía zen hubiera atolondrado las neuronas del caballo, excitándolas al nivel rojo, es decir, a la categoría DEBATE ó POLÉMICA EN EL BAR. Nada más lejano, sin embargo. Ico quedó como extasiado, pero no en un éxtasis de arpista (*2). Directamente quedó con cara de bobo y tres cucharadas de chichicuilote pálido.
La razón de la mueca no era ni surmenage ni súbita iluminación. El desencadenante de todo eso se desarrollaba a unos 100 metros: Zulemita Tramontina, la yegua del Dr. Finkelmann, había llegado al establo de Ico. Y claro, se imaginarán que caballos monjes hay pocos y la historia no transcurre en un convento.
Así es que 2,35 + 2,35 es 4,70, y este ídolo de masas se nos enamoró. Ahora bien, el fanático ferviente de esta saga, y que ya conoce la línea general de los capítulos, ya estará pensando que quien escribe estas letras tiene un cactus seco en el pecho. ¿Es enamorarse un defecto? ¡No! ¡Por supuesto que no! Lo digno de ser contado aquí son los intentos desplegados por Ico para llamar la atención de su amada. ¡Incluso pretendió ser hombre!
Veamos; intento 1: No sólo afinó su instrumento, sino que también lo tocó. Y, para esta ocasión, se aprendió una balada de Ricardo Arjona. Eligió a este artista porque, según oyó una vez en una conversación entre jinetes, “a sus recitales concurre cada yegua…”. Caballo con oído atento, anda con ventaja, dice el dicho.
Respuesta: La nada misma.
Intento 2: Una noche en la que los grillos cantaban y los murciélagos danzaban en la ciega noche, Ico esperó a que pasara
Respuesta: “¡Santo cielo, nunca había visto un fenómeno tan desagradable!”
Si bien Ico nunca se caracterizó por rendirse fácilmente, se vio bastante desmoralizado, simplemente porque no entendía la lógica tras las reacciones de la equina. Sencillamente no la comprendía.
Así es que decidió cortar por lo sano y hablar directamente con alguien calificado.
-A la yegua no le gusta el olor a caballo. Ya está lista para ser humana en su próxima encarnación, así es que ya no le atrae tu olor – sentenció la consejera espiritual de la yegua (un puddle, también propiedad de Mr. Finkelmann).
Frente a esto se constituyó el Intento 3: Ico dejóse bañar. No sólo una vez. ¡Dos veces! Y hasta se dejó poner perfume (Intento 4).
¿Cuál fue la respuesta a este intento desesperado de Ico? La nada misma. Como aquella misma nada que hay entre varios puntos. Miren: ……………..
Intento 5: Ico robóle sus gafas, un sombrerete y los zapatos a uno de los jinetes mientras este último, inocente, se bañaba. Quería parecerse lo más posible a un hombre.
La respuesta fue: Risas. Más hiriente que la nada misma.
Y así, con un 60 % de resignación y un 40% de agua, afirmó Ico frente a los oídos testigos de Casito (Casiopeíto es muy largo): “Caballo nací y, como mucho, Pegaso moriré”.
-Coincidimos amigo, – respondió el gato entre lamidas – uno puede pulirse, pero no torcer o negar su naturaleza.
Y, como en toda novela que se precie de tal,
Pero ya era tarde. Ico se hallaba muy entretenido tocando un silbato polifónico que encajaba justo en su hendidura dental.
No era el momento para este amor.
Para cada cosa su tiempo. Quizás, en otra vida. Quién sabe.
______________________________________________
(*1) Por chicas entiéndase a las pulgas en el lomo de Casiopeo. La cuerda de sopranos, más específicamente. Si no se entiende, leer el capítulo 4.
(*2) Si no se entiende, leer el capítulo 1.
(*3) La posibilidad de que Zulemita Tramontina sea clarividente, es una jugosa y entretenida posibilidad.
martes, 23 de marzo de 2010
Ico Manco – Chapter 4 – Tu amistad amortigua mis pulgas
Juntos filosofan sobre la vida, sobre las cosas. Generalmente abordan asuntos pequeños. Una vez quisieron desentrañar los secretos del sol, fusionando sus mentes, buscando generar una “simbiosis metonímica pensamental”. Pero se cansaron mucho: la mente equina y la gatuna no funcionan de la misma forma.
Desde ese día, se ocuparon de otras cosas: por qué hay que saltar vallas, por qué Casiopeo cae parado siempre, etc. Con respecto a esto último, una vez hicieron un experimento: Con la supervisación de Ico, Casio intentó caer deliberadamente de espaldas de un árbol; pero no hubo éxito. Siempre, siempre, aunque fuera a dos milímetros del suelo, su gatunidad daba un giro repentino y caía sobre sus cuatro patas.
Ese dilema les llevó mucho tiempo. Primero pensaron que quizás era la Tierra la que se daba vuelta y por eso la voluntad de Casiopeo nada podía hacer. Pero, por último, llegaron a una conclusión más racional. Probablemente las pulgas del cuerpo del gato, al ver peligrar sus vidas, soplaban todas hacia el mismo punto cardinal, haciendo que éste girara estrepitosamente, aún contra su libre albedrío.
- Las pulgas han de tener unos pulmones muy potentes. Deben ser buenas cantantes - reflexionó Ico en un atardecer, frente a la mirada apacible y escrutadora de Casio. –Tener huéspedes así es todo un honor. Desde hoy procuraré no bañarme más – concluyó el equinoáceo. Casio, por su parte, no tan extremista, sólo evita mojarse cuando hay lluvia o cuando pretenden aguarlo contra su voluntad. Probablemente sea esa la razón por la cual a los gatos no les gusta ni la lluvia ni que los mojen. Sólo acceden a lavarse ellos mismos, porque antes esperan que las pulgas se corran de lugar.
Pero, de todas formas, esto no es un tratado sobre pulgas. Es preciso que observen la siguiente foto:
Una de las formas de lograrlo es “inclinar (que tiendan hacia la horizontalidad) los amortiguadores. De esta forma se tendrá una suspensión progresiva que permitirá al carro pasar los brincos con suavidad y a la vez será lo suficientemente rígida para prevenir que el chasis vuelque en las curvas.”
¿Saben de dónde se sacó la idea para el diseño de este tipo de amortiguadores? ¡Exacto! De las patas chuecas de Ico. Tres estudiantes de diseño industrial daneses, con el apoyo económico del gobierno de su país, estuvieron un año estudiando la doble chuequera del caballo en cuestión para finalmente patentar un sistema de amortiguación para cuatriciclos que maximizara sus posibilidades al máximo.
Gracias a la forma en que los vectores de fuerza se alinean, anulan y complementan en las chuequeras de Icarus, nuestro amigo tiene una capacidad de salto y amortiguación fastuosa. Esto mismo le permitió saltar un obstáculo de 3 metros de alto. Como muchos saben, el record oficial pertenece a Huaso, que saltó 2,47m. Bueno, Ico saltó 3 metros, pero en un entrenamiento del cual sólo Casiopeo fue testigo. Y dado que siempre ha admirado a su tío segundo (el Huaso mismo), nunca ha querido mostrarle a los humanos lo que sus patas pueden hacer.
Nuestro héroe, símbolo de nobleza y fraternidad pulguística, pensamiento iluminado y humildad.
Brindemos por él con alguna bebida bien fría. Y porque esta humedad cordobesa nos está matando…
martes, 16 de marzo de 2010
Ico Manco - Chapter 3: Tu mirada tiene ese no-sé-qué
Uy, casi tiro la valla, se cae, no se cae…No, uff! No puedo perder mi record. Vamoss, ¡op! Una menos; vamos, a 70 grados derecha está aquella otra, y más allá ese pequeño vado… Después de ganar, voy a ir donde está ese chico con ese sanguchazo, a ver si me tira algo. No estaré despeinado, ¿no? Ahí hay una ventana... a ver…no, todo bien.
Al momento de competir, su pensamiento va a la velocidad de un tren bala. En realidad, es tan rápido, que hasta diríamos que no piensa nada; pero sí. Deberíamos profundizar diciendo que nada no es lo mismo que el vacío, donde todo existe en potencia y de donde todo surge, pero aparentando la nada. Y mientras tratan de comprender eso, Manco ya ganó la competencia y se halla festejando.
No suele errar, no suele perderse. Nunca. Es como si memorizara los circuitos; como si contara con un gps equino en su tercer ojo.
Si bien su andar no es el más elegante, su precisión a la hora de trazar su recorrido es pasmosa. Tiene un sentido de las bisectrices, de los ángulos, de las diagonales y hasta de los sostenidos y los bemoles increíble. No desafina su rumbo, haya truenos, nieve, o lluvia ácida. El telebeam queda como un chiche para principiantes frente al instinto satelital de Ico.
Tal cualidad podría adjudicársele a su jinete o amazona, pero no radica ahí la cosa. Ico Manco ha cambiado de jinete unas 15 veces, y no todos eran brillantes. Si bien los manuales de monta desaconsejan categóricamente cambiar seguido de jinete (a excepción del manual de Peppe Le Pipps, “Esa yegua es mía”), en el caso que estamos tratando no ha supuesto ninguna diferencia.
La única vez que nuestro amigo hizo una mala performance fue a modo de protesta porque le habían comprado heno de mala calidad. Y salió segundo.
¿Dónde radica su capacidad? ¿Cuál es la papa? En su ojo, mis amigos. Su globo ocular derecho se encuentra levemente corrido hacia un costado. Sí, es levemente bizco. Eso explica que, de pequeño, le llamaran Bizcoch-Ico.
¡Cuán sabia
“Neo es un muerto” le comentó Ico a su amigo Casiopeo, luego de ver la película Matrix. “¡Yo puedo esquivar moscas desde cualquier ángulo! ¡Y sin tener que usar ningún sobretodo ridículo!”
Cabe aclarar, que por este ojito travieso, el que anda con olor a muerto suele ser nuestro amigo. Se imaginarán que, cuando Ico ve al encargado de bañarlo viniendo por detrás, sale corriendo, altivo, impregnando así todo el campo con su salvaje aroma.
Y aunque en esta década pareciera que está de moda ser bizco, a no confundirse. La fama de nuestro Ico precedió a la de cierta ave que no puede volar (llámese pingüino). De Manco a esta parte, todos los bizcos son meros imitadores.
¡Todos!
¡Vos también!
lunes, 8 de marzo de 2010
Ico Manco – Chapter 2: Un secreto es develado (la ventana en tu sonrisa)
Los potrillos miran con admiración al macho éste ya que descubren en él que se puede ser exitoso, aún sin ser perfecto (o por lo menos sin ser bucalmente prístino).
Verlo correr en competiciones de
A su vez, se comenta que el huequito dental en cuestión le otorga a Icarus una significativa ventaja frente a sus adversarios a la hora de saltar en las competiciones. La interpretación final y unánime de los científicos fue que, por dicho hueco, nuestro amigo puede incorporar más oxígeno que sus rivales, haciendo que sus músculos tengan un mayor rendimiento.
Varias controversias ha despertado esta conclusión, ya que los caballos sólo respiran por la nariz (¿alguien ha visto alguna vez competir a un caballo resfriado?). Pero, aún así, los científicos se resguardan diciendo que se trata de una ANOMALÍA EXTRAÑA Y CURIOSAMENTE BENEFICIOSA. Ya saben, son esas categorías conceptuales adonde entran las barritas de azufre, la curación de empacho mediante metro y tantas otras cosas.
Cuando salió un informe de perito dando a luz este detalle, los contrincantes presentaron un recurso en
Imprímase o postéese.
Y así se hizo. Les consta, ¿eh?

Velen, todos los derechos y torcidos reservados.
*Según Richard Thompson Talbott, el agujero se encuentra en uno de los laterales, aunque no especifica cuál. Ferdinando Stratalonna, por su parte, indica en su libro "Caballito, caballito" que el hueco está del lado izquierdo, pero dos páginas más adelante, afirma que se encuentra del lado derecho.


